Y llegaste

Tu llegada fue inesperada, tan inesperada. Tus palabras tan huracanadas, sin medidas correctivas, tan locuaces, tan vividas.

En tus palabras se encubría la ternura que me ofrecías, de tu sincericidio, de tus experiencias antiguas.

Llegaste a mí, con heridas de la vida, resultado de los riesgos asumidos en tu camino. Y entre esas palabras tiernas, irreverentes, aprendí a leer el significado escondido en las mismas. Aprendí a interpretar cada consonante y vocal. Descubrí el tiempo y ritmo de tus silencios.

Descubrí que mi ser encajaba con tu ser, que tus palabras derrumbaban mi coraza, que tu ternura inspiraba mi alma.

Descubrí hasta qué punto una mirada es capaz de hacer temblar la esencia de mi ser, tu mirada ilumina con su brillo cada sendero de mi camino, la llevo como guía de mi destino.

Ingenuidad la mía al creer que el amor era una receta plagada de fórmulas ya escritas, contigo cada día descubro la belleza de las cosas más sencillas. Descubro, que tan solo basta escuchar tu voz para comenzar el día con alegría y una sonrisa.

Te tengo presente en mis pensamientos despiertos, en mis sueños nocturnos, en mis sueños diurnos. Es por ti que mi vocabulario se ha ampliado, de repente aparecen palabras que hasta tu llegada estaban adormecidas, desterradas al rincón del olvido.

Es por ti que mis miedos fueron jubilados, y fueron reemplazados por sensaciones y emociones. Todo adquiere sentido en mi camino. Es por ti que me siento más valiente y fuerte.

Me has enseñado el significado del verbo amar.

Podría escribir párrafos, prosa más o menos locuaz, dedicarte palabras que la rima encontraran, y sin embargo, lo que más me apetece es compartir mis momentos, mis sueños, mis caricias y mis desvelos eternos por usted y con usted.

Es en tu ojos color cielo, en los que me quiero perder, y reencontrar, una y otra vez…

Te quiero mi vida

 

Permíteme…

Te podría escribir un sin fin de versos para conquistar poco a poco tu tiempo. Palabras escritas encubiertas en prosa rimada.

Te podría contar mis historias pasadas, mis vivencias descritas en líneas enviadas por mensajería instantánea…

Te podría contar de manera detallada mis recuerdos de infancia…

Te podría decir tantas cosas…

De todas ellas, te diré que recorrido un camino lleno de senderos desconocidos, que llevo cicatrices de los momentos vividos. Es por ello, que sé que tú también has experimentado algunas vivencias que te han hecho sentirte en un mundo incierto. Tus heridas y las mías dejaron cicatrices que alimentan nuestros miedos, no es mi intención revivir esos recuerdos. No es mi intención tocar esas cicatrices, sino entenderlas y respetarlas, porque su existencia te han forjado y formado. A cambio, te propongo que enviemos nuestros miedos al destierro.

Te propongo descubrir lo más bonito de tu ser. Normalmente se pensaría que se trataría de tu piel, permíteme ambicionar más, permíteme descubrir lo que se oculta, lo que se esconde en tus palabras, lo que se esconde en tu mirada. Ese universo que podría parecer un misterio, permíteme descubrir lo más hermoso de tu ser, la belleza oculta en una simple mirada, permíteme contemplarla en detalle, y descifrarla.

Permíteme descubrir y recorrer cada milímetro de tu ser… Del no cubierto por tu piel.

Entonces ¿te apuntas?

Puede que fuese osadía el perturbar tus silencios, intentar abrir un sendero que cruce nuestros caminos tan distintos.

¿Tan diferentes son? Ingenuo sería pensar en el destino. ¿O tal vez es locura pensar lo contrario?

¿Y si no lo planificamos tanto? Y si simplemente nos dejamos llevar por la brevedad del momento, compartir un segundo, que podría incluso ser eterno. No te propongo un plan perfecto.

Solamente una sonrisa cómplice, tus palabras, mis palabras, tus caricias, las mías en tu piel, en nuestra piel.

Tal vez intentarlo no está en tus planes. Tal vez no esté destinado a ser. Tal vez como te dije antes no sea papel del destino. Tal vez, por una vez, se pueda desafiar a lo no escrito. Tal vez podamos escribir sin palabras lo que nos gustaría hacer…

¿Te apuntas a este desafío?

Me susurró que ya estaba preparado

Hoy me sorprendió una imagen tuya. Apareciste sin aviso, sin permiso. Aún recuerdo la última vez que mi mirada se posó en tu ser. Fue en ese último amanecer, me marché sabiendo que sería la última vez que mis ojos te verían. Dormías como si nada, mientras mi respiración se entrecortada entre lágrimas de despedida, mientras soñabas, quizás, en el mundo que inventabas.

Hoy se me volvió a escapar una lágrima al volverte a ver. Pero te debo confesar que fue distinta a todas las que una vez sentí recorrer mi piel. Esta vez, el sentimiento fue tan distinto, esta vez sentí nostalgia de lo que pudo ser, y nunca fue. Esta vez me di cuenta de que era una despedida definitiva. Una despedida de tu recuerdo, de tu fantasma que seguía atormentando mi alma.

Muchos días han pasado desde esa despedida silenciosa y dolorosa. Fue tan certera tu partida de mi vida. Nunca el fuego consiguió fusionarse con el hielo, y allí estaba yo, intentando reformular las leyes mortales, una lucha de antemano pérdida,  la tuya y la mía.

Hoy te escribo para decirte que al volver a verte mi corazón me susurró “vuelvo a estar preparado” me susurró que ya no temía volver a ilusionarse, que no tenía miedo de dejar acercarse a otro ser. Hoy me susurró que saldría con las heridas infligidas, que no las tocaría, sino que las respetaría, y las comprendería.

Hoy después de este tiempo lo siento. Siento que ha llegado el momento. No diré que comienzo de nuevo sin recelos, porque los tengo. Sin embargo, ya ha llegado el momento.

Hoy te escribo para despedirme de tu recuerdo. Hoy te escribo para decirte adiós por última vez.

Tu voz silenciada

Hacía tiempo que no manteníamos una conversación. Puede que tiempo antes no nos hubiéramos sentado así, frente a frente, con la sinceridad que requiere la ocasión. Puede que nunca antes nos hubiéramos planteado estas dudas, estas conjeturas. Puede que la rutina, la inercia, la pereza o la falta de franqueza, sí, quizás fue esa…

Probablemente fue tu ausencia, tu miedo a enfrentar la realidad que nos consumía. Poco a poco pasaron los años, a cada segundo fuimos perdiendo el aliento. A cada segundo fuimos retrasando esas conversaciones. Y nos alejamos, nos dejamos de sentir. Nos dejamos de ver, de mirar. Y un velo fue surgiendo, un velo que me nubló la visión. ¿Por qué cuestionar lo que se suponía una realidad?

¿Por qué mirar más allá?

Y las preguntas se olvidaron… Se cambiaron por supuestas realidades.
Hace tanto que no hablamos. Hace tanto que dejé de escucharte. Hace tanto que maduraste. O quizás nunca lo hiciste. Puede que nunca tuvieras tiempo para tropezar en tus hazañas infantiles, puede que no te diera tiempo para ir paso a paso. Quizás me perdí.

Fue mía la responsabilidad de no escuchar. Fue mía la responsabilidad de dejar el tiempo pasar. Pero sé que perdonarás mi ausencia. Lo sé, porque te conozco bien, al fin y al cabo, usamos la misma piel.

Una nueva llegada…

Querido pequeño,

Hace poco tiempo que nos contaron de tu existencia, hace poco tiempo que nos sorprendiste con tu futura presencia. Y tú te encuentras resguardado, cobijado y arropado en el vientre de tu madre. Te contaré que hace tiempo que la conocí, hace año que por casualidad la conocí. Déjame contarte que aunque todavía no la conoces, algún día te darás cuenta de que lo te contaré a continuación es cierto.

Esa persona a la que convertirás en madre, es poseedora de una gran ternura, en su mirada, cuando miras esos ojos de tonalidad oscura, verás que hay un brillo que te hablará de su bondad, generosidad, valentía, simpatía y ternura que en su ser se concentran.

pequeño

Sé que a le habría gustado que hubieras conocido a una persona muy importante para ella. Y quería recordarle que tanto en ti como en ella hay una parte de ese maravilloso ser. Y que tú eres un pedacito de las dos. Un regalo enviado por ella para que seas su compañero de viaje, de vivencias, de experiencias.

Así que recuerda que aunque eres aún pequeñito llenarás su mundo de felicidad, y ella se ocupará de que tu pequeño mundo siempre esté lleno de ternura, comprensión, risas y amor. Así que pequeño, aquí nos encontramos esperando tu llegada.

Dicen de las palabras…

Dicen que las emociones se pueden describir con palabras. Sin embargo, son una simple combinación de consonantes y vocales. Puede que el secreto no está en la persona que las escribe, sino en la persona que las lee.

Cuando se escribe se puede escribir intentando transmitir algún sentimiento, alguna emoción, se puede utilizar un estilo más o menos elaborado, un estilo poético, un estilo en prosa, estilos más o menos sofisticados.

Se pueden escribir grandes frases, frases que podrían ser o pretender ser ensayos literarios, frases que podrían resultar elocuentes, profundas. Se puede recurrir a palabras que, minuciosamente se han ido tecleando con el objetivo de escribir párrafos con rima, párrafos que enlacen las palabras en frases. Aunque también es cierto que a veces las palabras brotan con tanta intensidad, con tanta locura, con tanta fuerza que simplemente se van uniendo, construyendo frases y párrafos.

frase

Quizás, la importancia de las palabras, el estilo o la intensidad al redactar no sea lo realmente importante. Tal vez, la importancia resida en la persona o las personas a las que se destinan, puede que sea lo que nos inspiran, las emociones o los sentimientos, y nuestra relación con ellas. El hecho de que sean capaces de leer, de leer entre líneas, descubrir los sentimientos, las emociones que por ellos sentimos.

Las palabras pueden ser un medio de comunicarnos con ellas, pero tan sólo un medio, porque de nada sirven frases elocuentes que en el fondo pueden estar vacías, porque escribir no es difícil, es preferible no recurrir a la retórica y esconder lo que realmente se quisiera decir.